Personas que cambian

Hay personas que cambian que, de un día para otro, sus palabras se transforman en silencio y su alegría en indiferencia. El malestar se palpa en el aire, pero tú no sabes qué ocurre. No has hecho nada y crees que no es culpa tuya. Sin embargo, te sientes como si hubieses cometido la mayor de las atrocidades. Los pensamientos rumiantes aparecen. ¿Qué habré hecho? ¿Por qué se habrá enfadado? ¿De qué no me he dado cuenta? Pero, tal vez, esas preguntas tengan una sola respuesta y es que es muy posible que no hayas hecho nada y que el otro tenga un problema que proyecta sobre ti, sobre los demás, en el que tú, por tu empatía y constantes creencias de culpa que arrastras desde hace años abrazas hasta que logran consumirte.

Detente.

Pide ayuda.

Esto puede acabar contigo si lo permites.

Sí…

Sí, he confundido la necesidad con el amor, generando dependencia, sintiéndome mal al no ser correspondida.

Sí, he echado la culpa a los demás o al mundo o a la mala suerte por cosas que son, solamente, responsabilidad mía.

Sí, he tenido dudas y miedos para dejarme llevar. Miedos y dudas que aún hoy en día me persiguen haciéndome zozobrar.

Sí, he esperado y por eso me he decepcionado. Por eso, aprendí a aceptar y esto me liberó de todo dolor fruto de la ilusión.

Sí, afirmo que la perfección no existe y, por eso, hoy digo “sí”. Sí a la fragilidad, sí a los miedos, sí a los errores…

¿A qué le dirás tú que sí?

La única columna

Era la única columna existente. Sola, marginada, ignorada… que allí estaba, siempre que la necesitabas.

Si te sentías triste, ahí estaba para animarte. ¿Qué te caías? Ella te ayudaba a levantar.

Pero un día la columna se desmoronó y el resto no la ayudó, sino que la recriminó.

Le echaron la culpa por haberse caído, pero ¡cómo podría haberlo evitado!

Ella era la única columna. Ella nunca recibió ayuda alguna.

Ella volvió a elevarse, pero no ya como columna, sino como un ser inestable.