Aún obramos como niños

En apariencia, somos adultos.

Tenemos unos cuantos años, experiencias… Sin embargo, a pesar de negarlo y enfadarnos cuando alguien nos lo dice, aún obramos como niños.

Lo hacemos cuando intentamos manipular en nuestras relaciones amorosas como cuando pataleábamos para que nuestros padres nos diesen una ansiada golosina.

Lo hacemos cuando estallamos de ira y las emociones nos embargan hasta tal punto de convertirse en un tsunami que arrasa con todo aquello que, parece que no en ese momento, pero amamos.

Lo hacemos cuando en lugar de buscar ayuda psicológica porque no estamos bien, culpamos a los demás de nuestras desgracias o, lo que es peor, a la mala suerte.

Lo hacemos cuando justificamos bajo un “vivir la vida” la falta de responsabilidad y el daño que le podemos hacer a aquellos que sí nos valoran en su vida.

Puede que seamos altos que, incluso, tengamos ya hijos. Sin embargo, muchos aún seguimos siendo niños. Aunque pataleemos. Aunque refunfuñemos.

Fingimos ser adultos.

Fingimos ser grandes.

Fingimos para no crecer.

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