Si te hace sufrir, ¿qué haces ahí?

Te hace sufrir, la relación es un suplicio, pero sigues ahí. Algo te ata, pero no sabes lo que es. Solo sabes que quieres a tu pareja y en tu mente no paras de recrear todos los momentos en los que habéis sido tan felices. Mientras, cierras los ojos ante lo que en realidad está sucediendo.

Cuando vemos en las noticias que una mujer no ha querido denunciar a su marido que la maltrata, cuando alguien nos cuenta que un miembro de la familia no es feliz en su relación, no damos crédito y vemos las cosas bien claras.

Sin embargo, cuando nos ocurre a nosotros nos resistimos bastante a cambiar la situación. Ya podemos estar sufriendo como nunca, ya puede la gente que nos quiere repetirnos que tenemos que ponerle fin a eso que ahí seguimos.

Procesos cognitivos del romanticismo desmesurado

Existen ciertos procesos cognitivos sobre las relaciones amorosas y sobre la manera de amar a alguien que lejos de ser saludables, son fruto de creencias instaladas y consideradas verdaderas durante años.

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Dentro de estos procesos cognitivos existen algunas ideas irracionales automáticas como las que a continuación exponemos:

  • Mis intereses y necesidades giran alrededor de mi pareja, por eso abandonaré mis propios intereses, amistades y lo que haga falta.
  • Es mi pareja la responsable de mi felicidad y satisfacción, pues yo me he volcado en ella sacrificando determinadas cosas (el punto anterior).
  • Mi pareja no puede cambiar, tiene que ser tal y como era al principio. Si cambia creeré que todo se acaba, me volveré catastrofista.
  • Las discusiones en la pareja son sinónimo de que algo va mal, que ya no nos queremos, que la relación está en las últimas…
  • Tengo que sentir celos, si no los siento es porque en realidad no amo a mi pareja.
  • No pueden atraerme otras personas, ya que eso significa que no quiero a mi pareja.
  • Como mi pareja me quiere, tiene que saber lo que pienso y lo que siento sin yo tener que decírselo.
  • Si algo me molesta me callo y me aguanto hasta que no pueda más, porque lo principal es evitar discutir y, además, mi pareja tiene que darse cuenta por sí sola.

Todas estas creencias provocan que las relaciones terminen transitando por senderos muy escabrosos, llenos de dolor y de un sufrimiento innecesario. Todo porque estamos atados a estos procesos cognitivos que se han heredado generación tras generación.

La pareja no lo es todo

Muchas veces, nos sacrificamos y no intentamos cambiar de rumbo para dejar de sufrir en una relación porque creemos que la pareja lo es todo. Consideramos que tener pareja es el summum de la felicidad. Irónicamente, a veces se convierte en todo lo contrario.

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Nuestras ansias de felicidad que dejamos en manos de nuestra pareja, nos hace buscar, anhelar y atarnos a la primera persona con la que parece que las cosas pueden ir bien. No obstante, todo es fruto de una necesidad imperante y, ante todo, aprendida.

Muchos de los procesos cognitivos tratados podemos identificarlos con la dependencia emocional y así es. De hecho, se podría decir que todos ellos son la base de lo que después puede terminar convirtiéndose en ese amor tan tóxico, dependiente, asfixiante.

En ocasiones, no nos paramos a analizar muchas de las creencias que están en nuestra mente, que guían nuestras conductas y que afectan a nuestras relaciones. Sin embargo, hacerlo puede ayudarnos a paliar muchos sufrimientos inútiles y disfrutar más de la vida.

“Terminar una relación no es un fracaso, fracaso es continuar con una relación insana, improductiva y carente de evolución”

 

 

 

4 comentarios en “Si te hace sufrir, ¿qué haces ahí?

  1. A veces las personas nos volvemos dependientes del amor. Eso no quiere decir que esa persona esté bien o mal, simplemente que cada uno tiene que aprender a quererse uno mismo y a disfrutar a solas. Por experiencia propia me he dado cuenta que uno tampoco puede sacrificar todo por una persona porque cuando la relación finaliza es cuando te empiezas a decir: hubiera hecho tal cosa, necesitaba mi espacio personal, en fin…
    Todo es cuestión de balanza y esta frase no solo aplica para las relaciones de pareja, sino para todo en general.

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