Amor y dolor

Amor y dolor, ¿van de la mano?

He recibido varios comentarios en los que se asocia el amor con el dolor. Un dolor que en ocasiones mata, que te insta a sufrir por esa persona que para ti lo es todo y que te aboca a hacer las locuras más grandes que ponen en jaque tu amor propio.

Sería hipócrita decir que yo nunca pensé que amor y dolor iban de la mano. Pero después de varias experiencias en las que esta realidad se manifestó, si continuase con esa creencia en mi cabeza, desde luego renunciaría a amar a alguien.

Si cuando toco un cactus me duele y aprendo a no cometer el mismo error, ¿por qué el amor aunque me pinche sigo aguantando y creyendo que un día dejará de provocarme ese dolor?

Dolor sano versus dolor insano

Es cierto que existe en ocasiones dolor en la pareja, un dolor que se puede calificar de “sano”. Ese dolor surge cuando vemos a la persona que queremos sufrir y su sufrimiento nos duele, nos rompe por dentro.

Sin embargo, este tipo de dolor se confunde con el que yo denomino “insano”. Un dolor que uno mismo permite que el otro le cause. Un dolor que puede ser fruto de un amor no correspondido, de una manipulación encubierta, de un maltrato físico, de repetidas infidelidades que minan la confianza en la pareja…

Todo esto nos provoca dolor, un dolor malo que hace que el amor se desgaste y que, con el tiempo, la relación se termine. Sin embargo, como en nuestra cultura existe una frase que pulula por nuestras cabeza como es “el amor lo puede todo”, creemos que soportar cualquier tipo de dolor por amor es factible, pues lo justificamos con “es que lo quiero tanto” o “estoy tan enamorada de esa persona”.

Y es que en todo esto hay algo de lo que no nos damos cuenta. No ponemos límites a nuestras relaciones de pareja. Amamos incondicionalmente como si la otra persona fuera un bebé, nuestro bebé. Ese que nos puede manchar, escupir, gritar, impedir dormir, pero que con una simple sonrisa hace que todo esto se nos olvide.

Sin embargo, nuestra pareja no es un bebé, sino una persona adulta. Y si te escupe, vete; si te grita, vete, si te maltrata, vete. Porque amar incondicionalmente a alguien que no sea un hijo, es una trampa mortal que puede acabar contigo.

¿Cuáles son nuestros límites?

Cuando no ponemos límites en una relación sufrimos, ya que permitimos cosas que van en contra de nuestros valores pero que en nombre del amor toleramos sin ningún miramiento. Sin embargo, en nuestro interior, esto nos está matando literalmente.

Si yo no tolero la infidelidad, pero mi pareja me ha sido infiel, lo correcto sería finalizar la relación. Pero, como creo que el amor lo puede todo y considero que estoy muy enamorada, entonces me aguanto, “perdono” (porque en realidad no lo hago, guardo rencor aunque no lo quiera reconocer) y seguimos adelante como si nada.

mujer ciega

En la mayoría de las ocasiones incluso ni siquiera se habla del tema con profundidad. La pareja no habla de su dolor, de lo que piensa, ¡nada! Se sigue hacia adelante como si se hubiese pasado página. No obstante, un límite ha sido franqueado y esto nunca se olvida aunque así nos creamos convencer de ello.

Con el tiempo, lo normal es que la pareja vuelva a ser infiel y nosotros como ya lo hemos tolerado una vez cedemos de nuevo. Pero, nos vamos volviendo más fríos. La relación ya no es igual. Nos guardamos todo lo que sentimos por dentro mientras aguantamos en una relación que va haciendo aguas.

Nos duele, sí, pero en ningún momento pensamos en dar puerta a esa relación. Dejamos que esta por sí sola se vaya al traste. Porque o nuestra pareja se va con otra persona o al final terminamos nosotros poniéndole los cuernos y mandándola a tomar viento o seguimos viviendo así hasta que al final continuamos juntos porque ¡qué pereza después de tantos años!

Por eso, si queremos tener relaciones sanas tenemos que pensar ¿qué no tolero yo? ¿Qué fume? ¿Qué me sea infiel? Para cada persona es una cosa diferente. Y en el momento en que estos límites nuestros se sobrepasen, ¡adiós! Ni amor ni esperanzas ni expectativas. Hay que irse de esa relación.

Si es amor del bueno, no duele

Así que cuando hablamos de amor de verdad, este no duele porque no manipula, no hace daño al otro, no engaña… Porque en el amor de verdad hay confianza, honestidad, cariño de verdad, compasión por el otro. ¿Cuándo duele el amor?

Cuando dependo de mi pareja para ser feliz, entonces me aferro a ella porque “sin ella no soy nada”, “sin ella me muero”, “sin ella mi vida no tiene sentido”… Cuando permito que me humillen y me maltraten en nombre del amor. Cuando tengo hijos para salvar una relación, cuando dejo de ser yo para ser como la otra persona quiere, cuando no respeto mis límites, cuando dejo de respetarme yo y me abandono a la otra persona y cuando creo que sin esa persona yo no seré feliz.

Aunque estar en pareja es algo maravilloso, tenemos que aprender a estar bien solos. Porque si no la pareja en vez de ser un compañero de viaje se convertirá en nuestro salvavidas que en vez de llevarnos a la orilla nos hará nadar a la deriva.

amor dañino

Primero debemos cultivar nuestro amor propio y no permitir determinadas cosas que nos hacen daño, que minan nuestra autoestima, que nos hacen sufrir, llorar, retorcernos en un dolor insano.

Si alguien te hace llorar, si alguien te utiliza, si alguien te engaña, si alguien te maltrata, si alguien no te tiene en cuenta, si alguien te ignora, si a alguien le resultas indiferente, pero está contigo en una relación, ¿de verdad crees que te está amando?

Tal vez sí, pero de una manera insana, que no te mereces y que no debería ser un motivo de justificación para seguir tolerando una situación que está terminando contigo, con tu autoestima y con tu propia vida.

Empieza por amarte tú, por hacerte cargo de tu vida.

 

Imágenes: Aykut aydoğdu

 

Aquí abajo te dejo algunos libros que en su momento me sirvieron de mucho, si alguno de ellos ya lo conoces ¡puedes dejarme tus impresiones!

 

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