Violada

Sabía lo que iba a pasar. Ninguna de mis elecciones me salvaría. Nadie tenía piedad conmigo. Me ultrajaron. Me violaron. Me humillaron. Morí en vida.

Puedo sentir hoy todavía sus manos recorriendo mis pechos. Tocando mis partes aún vírgenes. A mi alrededor muchas de mis amigas morían.

No creí que yo podría salir viva.

Algunas se suicidaron. No las culpé por ello. Pero yo tenía un cometido, un anhelo que me instaba a continuar viviendo. Cuando me vi con las fuerzas necesarias escapé. No sin antes experimentar una última violación otra vez.

Eran tantos…

Me sentí impotente para defenderme, para negarme a aquello que me obligaban a hacer. Estaba destrozada. Mi familia había muerto. Sin embargo, un fuego interno me instaba a seguir adelante.

Inspirado en Nadia Murad, víctima de la Yihad Sexual

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