Tiempo

A veces, simplemente, el tiempo se detiene. Todo deja de fluir, de transcurrir, de avanzar, de progresar. De repente, ya nada tiene sentido y te encuentras sumergida en un laberinto. No puedes ir hacia adelante, pero tampoco puedes correr hacia atrás. Es como estar en un “punto muerto” en el que tu única oportunidad es la de caer para volver a levantarte otra vez.

A veces, sencillamente, el tiempo muere. Las agujas del reloj dejan de hacer “tic tac” y las horas empiezan a derretirse. Es normal que entonces te sientas frustrada, triste, quizás desesperada por salir de esa situación. Pero no está en tus manos poder cambiar esto.

A veces, rápidamente, el tiempo se escapa. Huye de nuestras manos, escurriéndose como lo hace el agua entre los dedos. Asusta pensar en su fugacidad, su transparencia, su volatilidad. Ahora lo tienes, mañana quizás ya no está.

A veces, sorprendentemente, el tiempo no espera. Él no estará para ti cuando tú lo quieras. Por eso tienes que ser rápida y aprovechar las oportunidades que pasen frente a ti. No pierdas ni un segundo, el tiempo no será considerado contigo.

A veces, dolorosamente, el tiempo se acaba. Es difícil aceptar esto porque nos creemos en un tiempo eterno. Por eso posponemos todo lo que queremos hacer, creyendo que existirá un mañana donde podrás volver a decidir si deseas llevar a cabo tus sueños o deseas retrasarlos otra vez.

A veces, el tiempo se esfuma…

 

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