Pasos

Era una fría mañana de invierno,

a pesar de que el sol ya salía de nuevo.

Pero me sentía perdida, para mí era todo hielo.

De mis ojos caían estalactitas llenas de infierno.

 

Perdimos la noción del tiempo,

dejamos de lado todo aquello que nos importaba.

Tan solo existíamos tú y yo,

hasta que llegó el día en que todo se derrumbó.

 

Fuimos tan inmaduros,

tan niños.

No supimos hablarlo,

no fuimos capaces de decirlo.

 

Sin quererlo nos separamos

en un páramo repleto de desierto.

Al menos es lo que apareció ante mis ojos,

quizás para ti fue una atardecer lleno de recuerdos.

 

La crueldad del viento inundó mis adentros.

Me encontré vacía, sin brújula ni sendero.

No sabía hacia dónde ir, así que vagué kilómetros enteros,

hasta que las fuerzas me fallaron y me encontré en el suelo.

 

Fue entonces cuando la realidad me golpeó con fuerza.

Consciente fui de la fantasía en la que me sumergí, eterna.

Ahora dolía, sufría, sentía…

¿Por qué no abrí los ojos cuando confundida me hundía?

 

Pero sabía que este no era el final de nada.

No era la primera, ni la segunda vez que tropezaba.

Así que con el poco orgullo que poseía,

me levanté y labré un camino con las pocas fuerzas que aún tenía.

 

Era consciente de que llevaría su tiempo,

de que las cosas no se solucionan de uno a otro momento.

Por suerte ya vislumbraba un poco de luz

que se cernía sobre cada paso que yo daba.

Pasos llenos de espinas, pasos llenos de migajas.

 

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