Ardiendo

Ardiendo

Estaba enfurecida. La sangre fluía por mis venas hirviendo. Mis ojos, ahora acristalados, no lograban posarse en ningún sitio.

VENGANZA

Esa era la palabra que mi aliento sordo exhalaba en cada expiración. Necesito salir de casa, necesito verlo a los ojos.

Vagué, como un animal en búsqueda de una presa. De repente, lo vi. Me produjo asco. Tanto que ni vomitar podía.

Me acerqué por detrás ciega de horror y odio. Apenas recuerdo lo que pasó. En mi mente quedó grabada la visión de él ardiendo y chillando como loco, tratando de escapar de las llamas que lo cubrían.

“Para que no vuelvas a violar” fueron mis últimas palabras.

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