Dímelo

Dímelo

Casi como una súplica – dímelo – susurrando.

Era como una petición, un ruego. Un solo “quiero oírtelo decir”.

Te lo digo con mis ojos, mis gestos, pero no con mis palabras.

No puedo, ahora no. No debo exponerme, no quiero exponerme.

Dímelo – me dijiste.

Y yo negué con la cabeza.

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